CALATAYUD
En 1156 se funda la primera iglesia con la asistencia de Ramón Berenguer IV. A ésta le seguiría una nueva de estilo mudéjar consagrada en 1249 con asistencia de Jaime I. En el año 1605, tras el derribo da la iglesia anterior, se comenzó a levantar el templo actual. Las obras terminaron en 1613 según proyecto y ejecución de Gaspar de Villaverde. Al morir sin hijos el rey Alfonso I el Batallador en 1134, nombró en su último testamento herederos de sus estados a los tres órdenes militares del Santo Sepulcro, del templo y del Hospital. La nobleza aragonesa, no conforme con tan extraño testamento, designó como sucesor a D. Ramiro, monje benedictino obispo de Roda, y hermano del monarca fallecido. Como consecuencia de este testamento, y tras la concordia entre Ramón Berenguer IV y la orden del Santo Sepulcro, vino de Jerusalén en 1144 esto canónigo Giraldo con poderes del gran maestre para renunciar al tercio de la corona a cambio de diversos privilegios y prebendas, entre la que contaban terreno y dinero para levantar en Calatayud un templo y una casa para vivienda de canónigos de la orden. La iglesia está construida casi totalmente en ladrillo, excepto el basamento y las portadas de sillería del paraje del Valdecantín. La fachada principal es muy severa, predominando la verticalidad sobre la horizontalidad. En el primer cuerpo se abren tres puertas que dan acceso a cada una de las naves. La central más alta, tiene en el tímpano un relieve en piedra caliza que representa el Entierro de Cristo. Las laterales se rematan por la cruz patriarcal. El segundo cuerpo es rectangular, con un gran óculo central y rematado por un frontón triangular coronado por tres pináculos. Dos torres flanquean ésta fachada, constan de tres cuerpos de planta cuadrada y un remate octogonal con chapitel cónico de pizarra. Toda la fachada tiene una decoración muy sencilla con tableros cuadrados y rectangulares de ladrillo resaltado. En el interior se trata de un monumental templo de tres naves, más amplia la central, crucero no resaltado en planta y un profundo presbiterio que sirve para albergar el coro. La separación de las naves se efectúa mediante pilares de orden toscano que sostienen arcos de medio punto. Las naves se cubren con bóveda de lunetos la central y de arista las laterales. El crucero se cubre con una gran cúpula sobre pechinas, con tambor y linterna. En el tambor se abren ocho ventanas y ocho hornacinas con esculturas de ángeles con los atributos de la pasión. En las pechinas la cruz del santo sepulcro. Los retablos hacen de ésta iglesia un caso único al representase en ellos el ciclo completo de la Pasión de Cristo. Los laterales son ocho, seis de ellos costeados por el prior Juan de Palafox, realizados inmediatamente después de concluirse la obra de la iglesia, y dos (La Entrada en Jerusalén y Jesús ante Caifás) por el canónigo don Francisco Yago de Soria, terminados en 1666, pero siguiendo la misma tipología y estilo. Son buena muestra de la escuela de escultores, doradores y pintores de retablos de Calatayud en el S.XVII. En el presbiterio se levanta un baldaquino construido a medidos del S.XVIII por el escultor bilbilitano Félix Malo. Constituye una estructura plenamente barroca realizada en mármoles y madera dorada. La imagen de cristo yaciente está flanqueada por las tallas de José de Arimatea y Nicodemo, el conjunto está coronado por una imagen de Cristo resucitado y dos ángeles con el sudario y la lápida. A ambos lado del baldaquino sendas puertas de acceso al coro, talladas en madera de nogal con los bustos en bajorrelieve de María Magdalena y María Cleofás. Tras el altar mayor se halla el coro, con doble orden de sillería, cuya estructura original del S.XVII fue enriquecida con detalles ornamentales del XVIII. En la silla prioral está tallado el relieve de San Agustín, ya que los canónigos del Sepulcro siguen la regla del Santo. CLAUSTRO DEL SANTO SEPULCRO El templo original mudéjar del s. XIII se derribó en 1605 para construir el actual, pero su claustro ha llegado hasta nuestros días y aunque recientemente restaurado, puede considerarse el arquetipo de claustros mudéjares aragoneses, que no son muy numerosos. Es de plana cuadrada de algo más de 20 metros por lado y con cinco tramos por galería cubiertos por bóveda de crucería simple. Al patio se abren los arcos apuntados separados por sólidos contrafuertes. En el interior de las galerías se conserva en parte su pintura original que imita ladrillo en las paredes y sillares en los nervios.Existe una segunda planta que se abre al patio mediante tres arquetes apuntados sobre cada arco.