CALATAYUD
Junto con el Castillo Mayor, la torre de Santa María, por su gran altura (70 metros), es el principal elemento identificativo del perfil de Calatayud. Desde lejos se ve su mitad superior, que sobre sale entre los tejados, pero para verla entera hay que colocarse en su base, ya que dentro del casco antiguo la estrechez de las calles y la densa edificación no permiten buenas perspectivas. Su planta es octogonal, como la de una docena de torres mudéjares; planta que sólo se da en el mudéjar aragonés. Aún siendo todas distintas, esta de Santa María no se parece, si se mira bien, a ninguna. Presenta contrafuertes en sus aristas a diferencia del grupo de Zaragoza, como San Pablo, Alagón o Tauste, que no tienen. Y aunque las octogonales modernas del siglo XVI, como las de Mainar y Muniesa, sí tienen contrafuertes, la decoración de la torre de Santa María en su parte inferior es más antigua. Está edificada en distintas etapas, cuya cronología, especialmente en las primeras, es difícil de determinar. Seguramente pasaron al menos dos siglos desde su comienzo hasta su terminación, sin contar con el chapitel del siglo XVIII. La planta octogonal, no se emplea en el resto del mudéjar hispánico, aunque sí en algunos campanarios góticos catalanes, que parecen posteriores a las torres mudéjares aragonesas más antiguas. Hace medio siglo, Torres Balbás ya sugirió que pudieron haberse inspirado en los torreones octogonales del sistema defensivo islámico de Calatayud, del siglo IX. También hay que señalar, que en el siglo XI en Irán, región frecuentada por viajeros ilustrados del reino árabe de Zaragoza, se edificaban alminares de ladrillo de planta octogonal. La base octogonal de la torre se inscribe, con sus contrafuertes, en un círculo de 10 metros de diámetro y su altura hasta el arranque del chapitel es de 46 metros. El chapitel con su base y su cruz, mide 24 metros, haciendo pues la torre una altura total de 70 metros. La sección va disminuyendo paulatinamente con la altura, hasta los 8 metros de diámetro en la base del chapitel. Al exterior pueden distinguirse hasta 5 cuerpos, separados por impostas, pero que por su decoración pueden reducirse a dos. Al interior hay dos partes, el cuerpo de escaleras y el cuerpo de campanas. INTERIOR TORRE DE SANTA MARÍA En la torre, como en todas las torres mudéjares, hay que prestar especial atención a su estructura o disposición interna. A la base se accede desde la iglesia, a nivel del suelo, por una puerta que atraviesa el muro de 1,5 metros de grosor. Hay una estancia octogonal de 5 metros entre ángulos, que hoy se ve cubierta con una cúpula o casamata semiesférica hecha por aproximación de hiladas de ladrillo. Antes, bajo ella, había una bóveda octogonal gótica nervada, pero fue suprimida en la restauración de 1967. Para ascender a la torre hay que tomar una escalera de caracol, hecha con ladrillos en voladizo, situada entre la torre y el claustro. Se accede a la torre por una puerta en arco de medio punto y ahí puede apreciarse que tiene la misma estructura que los alminares, o sea que dispone de un pilar central o machón, de forma que entre éste y los muros exteriores se desarrolla helicoidalmente, en sentido antihorario, la escalera, que es, igual que toda la obra, de ladrillo. En este caso el pilar central tiene planta octogonal. Las escaleras son amplias y cómodas, pues tienen aproximadamente metro y medio de anchura y cuatro peldaños por cada lado del octógono. La estructura así formada, con las escaleras trabando los muros y el machón central resulta de gran solidez y se aplica en general en todas las torres mudéjares, al menos hasta el siglo XV. EXTERIOR DE TORRE SANTA MARÍA Aunque las impostas marcan cinco cuerpos, hay básicamente dos planteamientos decorativos. Uno es el de la parte inferior, con dos cuerpos de nueve y diez metros de altura respectivamente, donde la decoración de ladrillo resaltado es más contenida, sin llegar a ocupar la mitad de la superficie, aunque con motivos interesantes. La primera parte sigue casi exactamente la decoración del ábside al que se adosa, con ventanas en arco poco apuntado con ladrillo aplantillado, una de las cuales da luz al interior. Siguen igual que en el ábside, esquinillas, tacos o ajedrezado, puntas de diamante… En la segunda parte, además de las bandas de esquinillas o de tacos, aparecen tres temas interesantes. Uno de ellos se trata de lazos de ocho enmarcados. A la misma altura, en el frente de los contrafuertes hay otros estrechos recuadros con el motivo de la cadeneta, que en Aragón sólo se veía, en madera. A partir de aquí se eleva lo que podríamos considerar el segundo cuerpo, dividido a su vez por impostas en tres partes. La decoración cambia no sólo por los motivos empleados sino porque ocupa casi la totalidad de la superficie. La primera parte muestra cinco bandas horizontales de aspas y cruces rehundidas, todas diferentes, separadas por líneas de esquinillas. No presenta vanos. Los contrafuertes van también decorados. Al exterior de la torre se busca una cierta continuidad, observando la torre desde el este o desde el oeste se aprecia claramente que entre la primera y segunda parte de este segundo cuerpo, y coincidiendo pues con el cambio interno, se aprecia un cambio de inclinación, un ligero quiebro. De ahí hasta la base toda la torre está ligera, pero visiblemente, inclinada hacia el sur. En el cuerpo de campanas ya ha desaparecido el machón central. El monumental chapitel actual, de 24 metros de altura, es obra del último tercio del siglo XVIII pues sabemos que fue costeado por el canónigo José Mateo, fallecido en 1775. Es de madera y pizarra, con forma bulbosa, y se asienta sobre una base de ladrillo de tres metros de altura, provista de un óculo de ventilación por cada lado. A principios del siglo XX se ancló en esta torre, por encima de los óculos, un balcón que circundaba la torre y que ha sido suprimido en la penúltima restauración. Es interesante saber que la torre de la Colegiata de Santa María, al igual que su ábside y su claustro fueron declarados PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN EL AÑO 2001.